Fuente: ideal.es
Tiempo atrás, el regalo estrella en una primera comunión era el reloj de pulsera, que se convertía en objeto de culto para el beneficiario. Aun así, no eran pocos los padres que advertían a sus hijos cuando recibían el preciado agasajo: «¿Guárdalo bien para cuando seas mayor!». Ahora, regalar un reloj en una primera comunión es una pérdida de tiempo y de dinero: a esa edad, el menor ya acumula al menos dos o tres en su poder. Lo que manda en la actualidad es comprarle al protagonista de la celebración un teléfono móvil que lleve incorporadas todas las prestaciones tecnológicas posibles. Estamos hablando de niños de 8, 9 o 10 años de edad.
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